Los abogados son
criaturas misteriosas, con mucho sentimiento de comunidad, o por lo menos de
estereotipamiento compulsivo. En esta
subcultura que pulula los tribunales existen una serie de reglas tácitas que, en caso de ser violadas, acarrean la terrible e insoportable pena del escarnio público. A continuación me propongo enumerar unas cuantas de estas reglas pétreas, recordemos que por más ridículas que
parezcan,
dura lex sec lex.
1.
Que te encuentren en Tribunales sin blazer: no importa cuánto calor esté haciendo, el sentido de
haute couture de la profesión legal venezolana no acepta ningún tipo de sugerencia,
ni siquiera cuando la sugerencia proviene de factores como lo es la locación geográfica y la temperatura de la ciudad en la que se habita. Creo que es hora de que aceptemos la realidad, estamos en el
TRÓPICO, por lo cual deberíamos procurar vestir de la manera menos calurosa posible (sugerencia: guayabera) Cosa que no se logra con el sofoco de una corbata...
2.
Escribir con algo que NO sea un Montblanc (aunque sea falso): no importa el resultado de lo escrito, para el jurista patrio lo mismo da que lo que esculpa la tinta sobre el papel sea una futura obra monumental de la literatura universal, un
opus revolucionario del pensar jurídico o simplemente el número del expediente que quieres solicitar. Lo importante es con que se
escribe, y por su madre jure que no encontrará a un abogado venezolano de pura cepa que digne empuñar un instrumento de escritura tan profano como un kilométrico plus.
3.
Permitir ser llamado de una manera diferente a "doctor": no importa que haya estudiado meramente 5 años y que su contribución al acervo de literatura jurídica brille por su ausencia. El haber estudiado 5 largos años una carrera en la que la tesis y las pasantías NO son requisito de grado le otorga al abogado el honor de ser mal llamado con la más alta distinción académica. Pero en este punto hay que dar el beneficio de la duda, puesto puede ser que sea una simple manera para disimular la
ignorancia del nombre del interlocutor.
4.
Transportar los documentos en algo distinto a un maletín: La comodidad ha sido dejada de lado (cosa que se demuestra por el mero hecho de usar corbata) no importa que uno sepa que va a tener que hacer cola, la mejor y única manera gremialmente aceptable de trasladar documentos es mediante un maletín (objeto cuadrado, pesado y
fastidiosísimo para cargar). Si sabemos que en las
dependencias públicas a las que asistimos diariamente no funciona el ascensor,
obligándonos a un fatigoso ascenso por una escalera sofocante ¿no sería mejor un morral? creo que, aunque los
quiroprácticos se quejarían, nuestras espaldas lo
agradecerían.
5.
No revisar el Blackberry mientras se esperan los expedientes: No caigamos en la posibilidad de que algunos colegas piensen que no somos personas ocupadas
perennemente, me imagino el despotrique ¡Qué! ¿no estaba revisando su teléfono mientras esperaba los expedientes? ¿Qué clase de
chimbín será? ¿Cómo se le pasa por la cabeza que no es de buen gusto gremial demostrar momentos de desocupación, de relajo o de cualquier forma de no-urgencia? Sin embargo, mi instinto me dice que más que solventar asuntos importantes relativos a una fusión hostil, la mayoría le está preguntando a su esposa (o amante) qué hay de almuerzo.
6.
Usar menos de dos o más de cuadro nombres/apellidos: No sirve Pedro
Pérez, mucho menos Juan
López, Francisco Jaime Pulgar de León es demasiado rimbombante ni hablar de lo exagerado de
Mauricio Josefino Concepción Huerta-Sierra. En la definición de la combinación de nombres a usar sólo es posible usar 3, 2 denota poca monta, simplismo, mientras que 4 es
pretencioso (como si ya no lo fuésemos) Se suman puntos si los dos apellidos tienen un guión en el medio, si no se tiene guión, o los dos apellidos son demasiado comunes para ser
guioneados, se recurre a utilizar los dos nombres (
ejm: Manuel Andrés Casas). Algunos juristas de reconocido talante han tenido las agallas y se han atrevido a usar apellidos
guioneados y una inicial de su segundo nombre (
ejm:
Allan R.
Brewer-
Carías) Pero es preciso acotar lo arriesgado de dicha maniobra.
7.
Hacer la cola para montarse en el ascensor (cuando funciona): Como ya hemos mencionado, los ascensores de edificios
tribunalicios tienden a trabajar como una secretaria de Ministerio cuando se atrasan para pagarle la quincena, es decir, nada. Hay momentos de inmenso
fortunio, en los cuales los ascensores deciden trabajar como secretaria de ministerio a la que sí le pagaron la quincena, es decir, mal y poco. De todos modos, en esos instantes
equinóccicos en los que los ascensores deciden funcionar resulta imposible lograr la hazaña de formar una cola ordenada, para qué hacer cola, se preguntan los jurisconsultos, eso es para los pendejos, mejor
colearse, mejor amontonarse como turba romana alrededor de la puerta, no dejar que la gente que se va bajando salga y entrarse a piñas para entrar. Justo la solución ordenada, pacífica y apegada a la justicia que esperaríamos del gremio al que en algún tiempo pretendo ingresar.
Para la gente de
sensibilidad fácilmente ofendida, que tildará estas líneas como un despotrique
pretencioso, que les baste saber que cumplo con 3 de los 7, el del nombre es obvio, a su imaginación dejo cuáles son los otros dos.